jueves, 11 de junio de 2009

LA PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LA POLÍTICA


Cuando uno habla del rol protagónico de la mujer en todos los ámbitos, siendo mujer, corre el riesgo de ser encasillada como feminista. El tomar una posición obliga a comprometerse con lo que uno cree, es decir asumir una actitud militante.Nosotras, las mujeres, sabemos realmente cómo nos cuesta todo, en principio por una cuestión cultural y luego, sin duda por una cuestión de injusticia social.Sería ridÍculo creer que por algunos puntuales (hablo de logros individuales) destacados en ciertos lugares, la situación es generalizada.Un análisis de la estadísticas de género actualizada de la CEPAL nos permite ver que la mano de obra femenina llega al 70 % de las horas de trabajo en América Latina, pero las mujeres reciben, sólo el 12% del ingreso total y poseen menos del 1% de los haberes del mundo.Esto demuestra que la pobreza es femenina no sólo por una cuestión gramatical, sino en la dramática actualidad de una sociedad perversa e injusta que promueve una clara división del trabajo y la riqueza.Por consiguiente, si existe la pobreza femenina, esta se prolonga en la miseria infantil en todo el mundo. Las madres indefensas y sometidas comparten esta suerte con los hijos que engendran desde el amor y fuera de él.Esta diversidad de roles que nos propone la naturaleza se transforma en una responsabilidad maravillosa y al mismo tiempo condicionante de nuestras posibilidades. No es los mismo para el mercado laboral ser una mujer soltera o sin hijos que casada o soltera con hijos.A su tarea mal paga y en algunos casos agobiante, la mujer suma el cuidado de su familia y la injusticia en el ámbito hogareño por costumbres ancestrales sustentadas en la impunidad y en el abuso del hombre.Esta situación va cambiando en los distintos niveles sociales, siendo en los inferiores donde más se degrada la calidad de vida llegando incluso ala brutalidad y la esclavitud que se da en los pueblos mas atrasados.La integración de la mujer en las grandes decisiones es una necesidad para interpretar la realidad y los problemas que nos afectan y desarrollar acciones adecuadas para su solución. En tal sentido, si bien debemos reconocer los avances en materia de participación de la mujer en la política, en general continúa siendo marginada de los espacios últimos de discusión y toma de decisiones. En tal sentido, las estadísticas de género de la CEPAL de enero de 2005, nos muestran que la proporción de mujeres ocupadas, por grupo de ocupación, en las zonas urbanas de America Latina es del 50% cuando se trata de personal administrativo, sin embargo esta cifra cae a 20% cuando se trata de personal directivo o de conducción.Resulta claro que es imprescindible una participación mas activa y comprometida de las mujeres en el mundo de la política, para acceder con legitimidad, sin excusas ni falsas discusiones y desde el principio de igualdad de trato y oportunidades.Debemos tener muy claro que la mujer tiene aportes específicos e irrenunciables para estos ámbitos, sin ir mas lejos, la sensibilidad femenina permite que la mujer descubra al hombre concreto, singular, al pobre, al necesitado, en medio de las grandes políticas de los estados que se aplican a la masa en forma estadística. Posiblemente la mayor revolución social que haya heredado el siglo veintiuno sea la irrupción de la mujer en la refundación de la vida privada y pública en un contexto prácticamente universal. La mujer ha ido transformando su condición de persona heterónoma, adherida al universo masculino, en un sujeto con identidades, caminos, y decires propios. La mujer porta una singularidad en la política, expresada tanto en sus demandas de género como por su singular percepción del mundo, que difícilmente se despliega si su actuación en la vida pública se limita a reproducir, sin más, el universo del poder tradicional. En tal sentido, debemos poner la mirada en aquellas mujeres que jamás renunciaron a sus legítimos espacios y poniendo en juego sus capacidades y talentos con las perspectivas que les eran propias, encarnaron con fuerza y coraje, una vida de reivindicaciones y de lucha por la liberación y dignificación del ser humano, sin discriminación alguna.
Nora Estrada

martes, 2 de junio de 2009


SOBRE LA VIOLENCIA ESCOLAR
Por Nora Estrada (12 de diciembre de 2004)
Presidenta de la Comisión de Educación, Cultura, Deporte, Ciencia y Técnica
Senado de la Provincia de Buenos Aires


Solemos asociar a la violencia escolar  con conductas de diversa naturaleza que se dan en las Escuelas. Burlas, amenazas, agresiones físicas, discriminación, insultos, son actitudes que se asocian a determinados alumnos, que refugiados en el grupo,  las ejercen contra  quienes se presentan indefensos  por no poder salir por sí mismos de tal situación. Estudios realizados reflejan que estos hechos  se producen con tal frecuencia que permiten inferir que todos los alumnos a lo largo de su vida escolar los padecen, como observadores pasivos, víctimas o agresores y consecuentemente, de una forma u otra, resultan afectados en su formación. 
 Para prevenir o detener la violencia que a veces se produce en la escuela es preciso propiciar un ambiente no violento que permita expresar las tensiones y resolver los conflictos que puedan surgir entre todos los miembros de la comunidad desarrollando una cultura de la no violencia e interviniendo comprometidamente ante cualquier comportamiento que provoque  intimidación o victimización. 
No obstante, me parece necesario destacar que la actitud violenta de un niño o  un adolescente en la escuela no aparece por que sí. Diferentes estudios sobre sus causas nos remiten a: falta de contención familiar, abandono, maltrato y y carencias de diversa índole,  no siempre asociadas a una realidad familiar marcada por la pobreza y la exclusión. 
La falta de contención, acompañamiento, estímulo y seguridad que debe brindar el entorno familiar responde a una crisis profunda instalada en nuestra sociedad vinculada a la incapacidad de utilizar el dialogo como forma esencial de comunicación entre las personas. Como agravante, debemos  reconocer que los medios de comunicación nos ponen en contacto permanente con la violencia, la que existe en nuestra sociedad y la que se crea de forma imaginaria, configurando una de las principales causas de la violencia en los niños y en los jóvenes. 
Aquella violencia que emergía como último recurso ante la imposibilidad del dialogo y convivencia pacífica, ha mutado a una forma primaria de comunicación, que antecede a todo. Primero el grito, el insulto o la medida de fuerza y luego la incapacidad de reconstruir con el dialogo lo que se destruyó con la agresión y la ofensa. 
 Tomemos conciencia que cuando los niños están expuestos a la violencia de manera cotidiana y sistemática, aprender a ver el mundo como si solo existieran dos roles: agresor y agredido, percepción que puede llevarles a legitimar la violencia como única alternativa de sobrevivencia. 
Finalmente, la escuela debe asumir un fuerte compromiso con la Paz y la no violencia, en el que la  comunicación  entre los miembros de su comunidad se haga efectiva para que la convivencia escolar y  las formas de enseñanza se expresen en valores de cooperación, solidaridad, tolerancia y respeto por la vida y la dignidad de toda persona.

Diciembre de 2004